Carl Perkins – Blue Suede Shoes

Well, it’s one for the money, Two for the show, Three to get ready, Now go, cat, go. ¿Hay acaso letra más histórica? Blue Suede Shoes. Sesenta años en diciembre, un monumento del rock, el clásico de los clásicos, la chispa de la vida. Apuesto una copita de Rueda que seguirá sonando dentro de mil años, estemos donde estemos. ¿Se pueden criogenizar los tomates? Voy a poner una nota para que me descongelen lentamente el 21 de junio de 3015. Antes de preguntar por la canción, seguro que me mirarán equivocadamente y me anunciarán que el Madrid sigue sin lograr su undécima Copa de Europa.

Ironías del destino, parangón de la madre de todas las injusticias, Blue Suede Shoes consagró definitivamente a Dios Elvis Presley, cuando Carl Perkins sabía que tenía entre manos la canción que le iba a permitir desbancar al mismísimo King del corazón de las chiquillas y la historia del rock que acababa de nacer.

Carl Perkins habrá vivido cuarenta y dos años desde la coronación del hijo de Tupelo con la amarga sensación de haber sido estafado por la rueda de la fortuna. Contaba antes de su muerte en 1998 que no le guardaba rencor, que de todos modos Elvis le hubiera superado aún sin su versión de la canción. No está del todo claro.

carl perkins blue suede shoes

El 26 de diciembre, Carl Perkins grababa Blue Suede Shoes en el estudio Sun, en Memphis. Había imaginado música y letra en lo que yo tardo en escribir esta entrada, una noche de insomnio, y la había escrito sobre el único papel que se había encontrado en su noche de hotel: una bolsa de patatas. Por aquel entonces, este hijo de campesino humilde de Tiptonville, Tennessee, que había aprendido a tocar la guitarra en un instrumento hecho con una caja de puros y un mango de escoba, llevaba meses recorriendo las carreteras polvorientas del sur cantando en chiringuitos de mala muerte.

Aquella famosa noche, antes de volver a su hotel, había estado tocando en la sala de fiestas de un pueblo perdido, donde había podido observar a una pareja bailando. El chico llevaba zapatos de ante azul y no paraba de pedirle a la chica que tuviera cuidado de no pisarlas, que no pensaba repetirlo demasiado. La historia no dice si la moza acabó con un ojo morado, pero a Carl Perkins la anécdota le inspiró particularmente, porque no entendía cómo el chico se podía preocupar más por sus zapatos que por la chica, muy guapa según sus recuerdos.

El uno de enero de 1956, se empezó a comercializar el 45t. Antes, Sam Phillips, el dueño del estudio Sun, había tenido que corregir la letra, ya que Carl Perkins no sabía cómo se escribía Suede y lo había dejado en Swade. El rockabilly había nacido año y medio antes –aunque las fuentes no siempre concuerdan, algunas señalan a That’s All Right Mama de Elvis Presley como la primera canción del género-, pero Blue Suede Shoes lo hizo imparable, a ambos lados del Atlántico.

Al principio el tema se quedó en los cajones, ya que las radios preferían la cara B, Honey Don’t. Sin el empeño de un DJ de Cleveland, es probable que la historia hubiera sido muy distinta. En febrero por fin empezó a despegar y en pocas semanas se convirtió en el tema más tocado en radios. En marzo ya había vendido más de un millón de copias y había logrado lo impensable: alcanzar el #1 en las tres principales listas de venta, Rhythm and Blues, Country y Pop.

Carl Perkins iba a desbancar a Elvis Presley, estaba escrito. Pero, porque muchas veces hay un maldito Pero, al destino no le gustaba el guión. Y lo cambió. El 21 de marzo de 1956, después de tocar en Norfolk, Virgina, la banda cogió el coche para ir a la ciudad siguiente. A las pocas horas, dieron contra un pick-up y el coche volcó en un charco. Carl Perkins le debió la vida a su batería, que le salvó del ahogamiento -su hermano murió tres años después a consecuencia de las múltiples heridas-.

Tardó muchos meses en salir del hospital. ¿Qué son meses en la vida de un hombre? En el caso de Carl Perkins, equivalen a las décadas perdidas, porque mientras cuidaban de él, Elvis Presley se hizo con la canción, y pasó lo que todos sabemos. Hoy escuchas la canción y piensas en el King, no en Carl Perkins. Porca miseria.

Hala, a por el zumito, luego a misa, a llorar desconsoladamente.

 

 

 

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