Guns N’ Roses – Appetite For Destruction

Guns N’Roses. Uch, ponte el casco anti-disturbio Tomate, igual te despachurran a la primera. Sé que uno no se adentra en la carrera de la Mega Banda de hard rock californiana de finales de los 80’s sin antes firmar un seguro especial. He encontrado uno que cubre hasta los daños de Tele Bulgaro.

Es que tengo un dilema. Por una parte, re-escuchando su primer álbum, me quito el sombrero ante la hazaña colectiva, nada que decir, es rock’n’roll del grande. Pero al mismo tiempo, viendo fotos de los músicos, me parecen un pelín payasetes, siempre atentos a salir con su mejor perfil en los posters que se regalaban en las revistas musicales para chiquillas impolutas soñando con engranujarse con el cantante de nombre de desodorante femenino.

Axl Rose, con su bandana en el pelo. Slash, con su sombrero de copa. Steven Adler, el batería, con su camiseta CBGB. Izzy Stradlin con sus collares Day a Day. Duff McKagan con su chaqueta vaquera sin mangas. Cómo no iban a suspirar las mozas por estos guaperas que en 1987 sacarían el primer disco más vendido de la historia de la música popular.

Guns n'roses

No llevaban dos años juntos cuando asombraron al mundo con Appetite For Destruction, el álbum que les convirtió en algo más que estrellas. La alquimia perfecta. Un cantante déspota con las ideas súper claras, un guitarrista para la posteridad -#2 en la lista de los guitarristas más grandes elaborada por Time Magazine en 2009, detrás de Jimi Hendrix-, y tres músicos más, talentosos aunque escondidos a la sombra del jefe.

Appetite For Destruction se publicó en 1987, después de un primer EP, Live ?!*@ Like a Suicide, supuestamente grabado en público, cuando en realidad los ruidos de la multitud se añadieron después. David Geffen, afamado productor y dueño del sello del mismo nombre, no tuvo nunca ninguna duda de que el álbum fuera a ser un éxito, por ello financió hasta cinco meses de estudio. Para un grupo que no había demostrado nada, fue toda una apuesta. Me quito el sombrero.

Cada canción del disco fue grabada en una toma única, todos los músicos a la vez, cuando lo normal era que cada uno tocara su parte por separado. Slash, extremadamente detallista, pasó noches enteras con el ingeniero de sonido, en busca del sonido y el efecto perfecto. Una actitud más propia de un grupo consagrado.

Cuando se publicó en julio de 1987, el álbum no llamó especialmente la atención del público. MTV se negó a programar el vídeo del primer single, Welcome To The Jungle, por culpa de algunas imágenes del clip, violentas, y de la portada del disco. Esta ofrecía inicialmente una obra del pintor Robert Williams, en las que se ve a un monstruo asaltando a un robot después de que este violara a una joven mujer en una acera. El pintor aceptó que la banda utilizara su obra, advirtiendo de que iban a tener muchos problemas con ella.

No se equivocó. Al año de salir el disco a la venta, las ventas no acompañaban. Fue cuando aceptaron cambiarla por otra –el tatuaje que Axl Rose llevaba en el brazo derecho-. Aún así el propio David Geffen tuvo que llamar a MTV y suplicar para que programasen el tema. La cadena aceptó a regañadientes y programó un único pase, de noche. Al día siguiente, ya era la canción más demandada por la audiencia del canal musical.

A partir de ahí, todos los números sólo son superlativos. Más de treinta millones de ejemplares vendidos, convirtiéndolo en el disco de debut más vendido de la historia de la música popular. Dudo que algún día alguien les arrebate este record. Según algunas fuentes oficiales, se trataría directamente del #30 en la lista de los discos más vendidos. Figura en el #62 de la lista de los 500 mejores álbumes de la historia, mientras que la canción Sweet Child O’Mine está clasificada en el #198 de la lista de las 500 canciones más grandes, ambas de la revista Rolling Stones.

La intro a la guitarra de Sweet Child O’Mine forma parte de la leyenda del rock’n’roll. 165 millones de visionados en Youtube, sólo para el vídeo oficial. Enorme.

 

 

 

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