Elmer Bernstein – Los Siete Magníficos

Undia-undisco tiene un seguidor con el que tengo un punto en común: él también alimenta un blog con una entrada diaria, aunque en su caso sólo habla de cine -date el gusto, visítalo: Diccineario-. Tiene un formato muy original del que nunca se aparta y cada día lo aplica a una nueva película. Yo me quito el sombrero, escribe con arte, es ingenioso y lleno de ocurrencias. Pero sobre todo nunca se queja, no hace de calimero llorica como yo, la faena de tener que entregar un post a diario no parece afectarle. El Chuck Norris de la blogosfera.

Hace poco le tocó el turno a La Gran Evasión, realizada en 1963 por John Sturges, que supuso el primer papel como estrella absoluta, el guapetón Steve McQueen –cosa que no fue del gusto de Charles Bronson, cuentan que durante el rodaje había tensión más que palpable entre ambos-. La banda sonora fue obra del estajanovista de la producción musical para el cine, Elmer Bernstein.

Este señor creó más de 250 soundtracks de 1950 a 2012. Un promedio de cuatro al año. O tenía una capacidad pasmosa para crear, o tenía muchas deudas. Hizo de todo, dramas, comedias, cine, tele, películas intimistas o grandes éxitos, convirtiéndose en uno de los grandes de Hollywood. En la Gran Evasión no se lució especialmente –claro que para qué, si el público femenino sólo tenía ojos y oídos para Steve McQueen-.

the magnificent seven

Inició su carrera aprendiendo de su maestro Aaron Copland, compositor estadounidense alumno de Nadia Boulanger -la profesora de piano de los más ilustres pianistas y compositores del siglo XX-, que se pasó al cine a finales de los años treinta al realizar la banda sonora de De Ratones y Hombres, dirigida por Lewis Millestones en 1939; una actividad por la que consiguió un Óscar, diez años después, por La Heredera, de William Wyler.

Elmer Bernstein, que no tiene parentesco alguno con Leonard Bernstein –él de West Side Story-, inició su carrera pisando fuerte. Cuatro años después de su primer trabajo –Saturday’s Hero, de David Miller-, el mismísimo Otto Preminger le pidió que realizara la música de The Man With The Golden Arm –no, esa no, te confundes con la de James Bond, y no es brazo, sino pistola-.

Y el año siguiente, pum pa, el gordo de Navidad con Los Diez Mandamientos, de Cecile B. DeMille. Curiosamente la película sólo se llevó una estatua en los Óscar, a pesar de haber sido nominada siete veces, y no fue para la música. Tardó veintidós años más en recibir el precioso galardón –el único en su vida-, para la película Millie, Una Chica Moderna, de George Roy Hill, con Julie Andrews. Un único óscar por catorce nominaciones, menuda frustración.

A Elmer Bernstein se le recordará sobre todo por su obra en The Magnificent Seven –Los Siete Magníficos-, una película también de John Sturges, basada en la de Akiro Kurosawa, Los Siete Samuráis. Tres años antes de La Gran Evasión, ya estaban reunidos Steve McQueen y Charles Bronson, más Yul Brynner, James Coburn, Eli Wallach, wow, un reparto de infarto. Compartió con Hasta Que Llegó Su Hora mi particular podio como película del oeste preferida durante años. Yo también quería ser un héroe -aunque no sabía muy bien si muriendo o salvándome-. Pero la vida es cruel y hay que comer, sólo me queda ayudar a las ancianas a cruzar la calle, porca miseria.

 

 

 

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