The Proclaimers – I’m Gonna Be (500 Miles)

Como suelo decir, los lectores más jóvenes del blog no se acordarán –en el fondo ni sé si los hay, salvo mi hija si se levanta a una hora digna-, pero hubo una época en la que había un único proveedor para los servicios más básicos, que aplicaban tan panchos unas tarifas de escándalo. Derribar los monopolios fue uno de los grandes logros de la Unión Europea –ese es mi lado militante-.

Una sola empresa de correos, una única eléctrica, una sola compañía aérea, incluso una sola cadena de televisión –sí sí, soy así de viejo-. En telefonía fija pasaba igual, reinaba la todo poderosa Telefónica, cual Saurón en Mordor. Recuerdo que al llegar aquí en el 92, llamar a Francia me costaba un riñón y mitad del otro, un auténtico lujo a cerca de medio euro el minuto. Así que cuando irrumpió Retevisión en 1998, más que una liberación, fue como un delicioso corte de manga para la estatal –me salió primero y sin querer estafal-.

Se venía anunciando desde meses atrás, pero ver el primer spot TV de la nueva compañía fue una verdadera revolución. Acuérdate: un paisaje lunar y oscuro –sólo faltaban las fumaradas de las entrañas del infierno de Mordor- y en medio de ese suelo desolado, una cabina de teléfono, con un hombre encerrado dentro. Empezaba una voz en off que vendía los méritos de la apertura del mercado de telecomunicación a la competencia y de repente se abría la cabina sola, dejando salir al hombre que iba poco a poco tomando consciencia de su repentina liberación.

The Proclaimers

Basada en la película La Cabina, rodada en 1972 por Antonio Mercero con José Luis López Vázquez –el mismo actor que en el spot-, iba acompañada de un tema que volvió a inundar España, logrando crear una asociación anuncio + canción nunca igualada desde entonces. Hoy escuchas I’m Gonna Be (I Would Walk 500 Miles) e instantáneamente te viene en mente el logo morado de Retevisión, con las dos “es” mirándose en un espejo.

The Proclaimers ya habían triunfado diez años antes, cuando el tema surgió de la nada para subir como la espuma por las listas de venta de toda Europa. Nacidos en Edimburgo –¡antes que yo!- los hermanos Reid, Charlie y Craig, utilizaron su condición de gemelos para crear un único personaje bonachón, con aires de eterno estudiante de derecho –tez de endivia y gafapasta pre Benicassim-, que Inglaterra adoptó antes que la propia Escocia, que terminaría haciendo del dúo unos auténticos héroes.

Veintisiete años después, siguen on the road, aunque con más discreción. Nunca se han enfadado, como otros tantos grupos de hermanos. Viven discretamente cuando podrían comportarse como los verdaderos ídolos que son en su país natal –algunas de sus canciones nunca faltan en los campos de rugby o de fútbol-. Se inventaron un estilo inmutable, que mezcla de forma única el folk con el rock, en el que sus voces parecen más agresivas y fervientes que lo que sus caras expresan.

El dúo tiene asumido que el conjunto vale más que la suma de sus dos partes, por lo que, según ellos, nunca lo van a intentar por separado y hay Proclaimers para rato.

 

 

 

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