Benjamin Clementine – Glorious You

¿Cuánto hacía que no te regalaba nada? Quiero decir, sí, vale, ya, cierto, todos los días te regalo un trocito de genialidad y frescura, lo sé, soy así de buena persona. Pero en este caso, hablo de un regalo muy, pero que muy bonito, envuelto en un papel de tonos elegantes, perfectamente doblado en los lados -sííí, justo como hacen las chicas del Corte Inglés-, un discreto lazo artísticamente colocado y unas palabras escritas a mano en una tarjetita impoluta: “Querido(a) lector(a), te deseo un feliz día, Fiouck”.

Hoy toca tocar el cielo, o casi. Qué gusto da encontrarse por casualidad con un disco hermoso y emocionante, hecho por un artista cautivador, con una historia personal dura, enriquecedora y nada llorona. Benjamin Clementine, ahora que está en el punto de mira del todos, explica: “No tengo la sensación de estar viviendo un cuento de hadas, porque el final no me interesa. Sólo el camino es bonito”.

Benjamin Clementine es un hombre comedido, con mucho pudor sobre su vida personal. Sólo tiene veinticinco años pero tiene una madurez sorprendente. No le gusta contar cómo este londinense de origen ghanés se encontró un día tocando con su guitarra en el metro de París. Había nacido en Crystal Palace en Londres, donde recibió una educación estricta, en la que el arte y la música no clásica no tenían cabida. Así que un día, con tan sólo veinte años, cogió sus cosas (pocas) y se marchó a París.

Eligió París como podía haber ido a Albacete –bueno Albacete igual no-, sólo le apetecía estar en otro lugar. Durante cuatro años, vivió de pasarse todo el día cantando en el metro parisino, con su guitarra, interpretando mil veces las canciones más bellas de Nina Simone, Bob Marley o Bob Dylan. Y grandes clásicos de la chanson française, Léo Ferré, Edith Piaf, Jacques Brel o Charles Aznavour. “He aprendido tanto de estos cantantes, esta importancia que le daban a las palabras”, suele decir. Padeció el rigor de la calle, se reconfortó con el calor de la gente. Cuenta que en más de una ocasión los viajeros del metro –serían turistas, juas- le protegieron de la policía e incluso le acogieron en su casa.

Benjamin Clementine

En el metro aprendió a cantar alto y a tratar de llamar la atención con una forma de interpretar los temas muy intensa, casi exaltada. Cuatro años tardó la industria musical en descubrirle y ver el potencial del chaval. Cuatro. Se ve que los pudientes de las discográficas no cogen el metro. Craso error, si los rumanos del semáforo tienen talento, no será para cantar.

Los primeros en acercarse fueron los del sello Electroshock. Le sacaron de la Línea 11 Châtelet – Mairie des Lilas para instalarle en una mesa, con carta blanca para componer sus primeras canciones. El resultado es la vida misma, la suya. Pasa de la melodía más hermosa a la brutalidad más animal. Música delicada y rabiosa, en la que sólo le acompaña su piano. Incluso en concierto, de los que bien podría salir a hombros en cada ocasión, por cómo atrapa y cautiva al público. Su música te penetra y te remueve todo por dentro. Ays no sé, es una maravilla. Auténtica y única.

En 2013 se publicó un primer EP, Glorious You, con los temas que te dejo para escuchar. Está preparando un álbum en Londres, con la sabiduría de quien sabe que nada está regalado, con su reserva y discreción habitual. Wow.

 

 

 

Un pensamiento en “Benjamin Clementine – Glorious You

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