Goat – Commune

Korpilombolo –no, en Kenya no está, más bien al norte norte norte de Suecia, a 4.179 kilómetros de mi casa según google maps- es un pueblo de 529 habitantes según el último censo de 2010. Exactamente los mismos que Hinojosa del Valle, una comarca de Badajoz que se dio a conocer el año pasado por construir una plaza de toros de 1.100 localidades. No entraré en el problema de fondo de si no había partidas de presupuesto más importantes que cubrir, sólo me llama la atención el aforo. Es como si el Bernabeu pudiera acoger a 6.656.000 forofos del peluquero quejica. Absurdo.

En Korpilombolo, del total de la población, poco más de 520 son leñadores y ninguno le da al capote y al estoque. El resto son músicos, y no sé si sufren una mutación genética, pero su música tiene extrañas raíces psicodélicas indias y tuaregs. Con tinte vudú. Todo mezclado con rock indie sospechoso. ¿Por qué esta última palabra?

Porque primero hay serias dudas de si Goat es realmente de allí. Eso dicen en su web, pero lo escriben mal, en plan “hola, somos una banda de Maddrydh”. Luego no se sabe a ciencia cierta quiénes son ni cuántos son, menos desde cuándo tocan. Hay incluso una leyenda que habla de que llevan 30 ó 40 años dándole al sitar y a otros instrumentos más locales, habiendo tenido el conjunto gran cantidad de miembros distintos a lo largo de estos años. Circunspecto me quedo.

Goat Commune

¿Por qué rodearse de misterio? No añade nada, su música es suficientemente interesante y original como para añadir una capa de opacidad. Lo cierto es que tienen cada vez más seguidores. En 2012, después de publicar su primer álbum, World Music, muy marcado bereber y tuareg, recibieron tal cantidad de elogios que resulta cuanto menos extraño. Posiblemente les ayude el no aparecer nunca a cara descubierta. The Guardian –con creces el mejor diario europeo a la hora de hablar de música, a ver si aprenden aquí- lo tachó de “one of the best albums of 2012”. Tachán tachán.

Y hace quince días se publicó el segundo trabajo de Goat, Commune. Cuentan que el proceso de grabación en estudio de la banda no es muy usual, que no saben nunca lo que van a tocar, ni cuando empieza o termina un tema, sin embargo no suena nada caótico. A mi esas declaraciones me suenan a pose pero en fin, lo importante es que el disco sea bueno. Pop rock psicodélico con aires orientales. Por ejemplo. Lo cierto es que me gusta mucho.

 

 

 

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