Negros Tou Moria – Akougontas kai Mathainontae

Grecia, ay Grecia. Si Zeus levantara la cabeza, repartiría unos cuantos soplamocos, antológicos más que mitológicos. Cuánto dolor provocado por la codicia de algunos, las mentiras de otros –el famoso déficit del estado en 2009, el 12,5% frente al 3,7% anunciado por el anterior gobierno-, el fraude fiscal casi institucionalizado y una incapacidad crónica a recaudar impuestos. Sirtaki’n’roll.

Dicen los expertos –tengo una llamada perdida, seguro que querían consultarme, me cachis- que dentro de pocos días se despejará la incógnita: caos o no caos, αυτό είναι το ερώτημα. That is la cuestión. Mientras tanto, Grecia y su corazón milenario, Atenas, trata de hacer vida normal a pesar del sufrimiento y los nubarrones que se acumulan en el horizonte.

La última vez que oímos hablar de Grecia musicalmente fue cuando falleció Demis Roussos en enero de este año. Pero antes de esto, quitando la BSO de Blade Runner compuesta por Vangelis, hay que remontar a 1972, cuando Aphrodite’s Child se disolvió. Vamos, que Grecia no es muy rock’n’roll, el queso Feta mojado en un chupito de Ouzo invita más a echar la siesta que a bailar.

Negros Tou Moria

Sin embargo, resulta que hay una escena cultural underground que hierve, un bullicio de iniciativas de todo tipo, propio de las grandes urbes. Diseñadores, cineastas –The Lobster, de Yorgos Lanthimos se ha hecho con el Gran Premio del Jurado en Cannes este año-, gente de teatro, músicos, fotógrafos, escultores, creativos, muchos de ellos concentrados en el barrio de Exarchia –el Lavapiés de Atenas-, que se las apañan para salir adelante o hacer que sus creaciones no acaben en la cuneta.

Negros Tou Moria es uno de ellos. Ghanés por sus padres, inmigrantes, rapero por su edad -que oculta-, no parece tener miedo. En 2013, otro rapero, Pavlos Fyssas, blanco, fue asesinado por un miembro de Alba Dorada, la lacra de extrema derecha griega. Pero a Negros Tou Moria no parece importarle. En su letra, silabeada como dios manda, fustiga la estigmatización del negro, “necesariamente culpable de algo”.

También se queja de que en Grecia, al rap le cuesta cuajar, en un país que como mucho se aventura a escuchar rembétika, esta música rebelde cantada por los inmigrantes de las islas cuando regresaban al puerto del Pireo. También dice que los grandes del género nunca paran por Grecia en sus giras internacionales. Pero no se desanima en absoluto, hace un par de años publicó un par de demos en Youtube, con las que se hizo un nombre en un gremio esparcido.

Vive en casa de su madre, por motivos económicos. Salir del país es un sueño, compartido con buena parte de la juventud griega. Ahora prepara un primer álbum, llamado Akougontas kai Mathainontae –escuchar y aprender-. No he logrado saber si se ha publicado ya, porque las fuentes están escritas en un idioma imposible. Lo mismo pasa con las canciones que te dejo, son de él, es lo único que sé.

 

 

 

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