Jen Cloher – Hold My Hand

Jen Cloher es la pareja sentimental de Courtney Barnett. Es decir, para los que aterrizan hoy y se han saltado el post de ayer, también es australiana y como tal, sujeta a la ira del Tomate. Que no teme ella, ya se me ha pasado la mala leche. Pobre Courtney, tan tan fea no es y no son veinte los kilos que le sobran, como mucho diecisiete. Además de verdad, su música es brillante. ¿La culpa la tienen los canguros y esos saltos despreocupados y enojosos que dan? Pobres, en el fondo son buena gente también, aunque pinta abellacada sí que tienen.

Ays Australia… quiero ver Ayers Rock antes de que sea demasiado tarde.

Así que Jen Cloher es la pareja sentimental de Courtney Barnett. Dios las cría y ellas se juntan. Cada oveja con su pareja. Dime con quién andas y te diré quién eres. Ja, me encanta la lengua española y todos estos dichos y refranes tan ilustrativos y cómodos. Total, lo que quería decir, ambas hacen una música bastante similar.

Jen Cloher

Se las ve con historial y base rock, incluso grunge, pero a la hora de restituirla, parecen timoratas, indecisas. En los discos de Jen Cloher –entre álbumes y EPs, van cuatro- hay guitarra, batería, bajo y voz a lo Patti Smith o Chrissie Hynde, todos los ingredientes para despertar a un Fiouck apagado, pero al final se queda a medio camino, muy en la línea de una tendencia que muchos músicos y grupos de las antípodas siguen con devoción. Folk nervioso, digamos.

Inicialmente mi idea era dejarte sólo una canción de Jen Cloher, Hold My Hand, para terminar de chafarte el fin de año. Si lloraste con el anuncio del gordo de navidad, con los anuncios Ikea o Campofrio, mejor no veas el vídeo de esta canción. Es más sutil, claro, no tiene nada que vender. En una playa ventosa, bajo un cielo gris y atormentado, de un lado una pareja de jóvenes que se dan la mano, huelen a esa felicidad que todos anhelamos, bailan, se miran como sólo sabe mirarse la gente enamorada. Del otro, un señor mayor, solo ante el mar, pelo blanco, cara arrugada, ojos claros en los que se leen mil historias y… por dios, esa infinita tristeza y ese dolor en la mirada, todas estas cosas que no habrá hecho y aquellas de las que se arrepentirá, mientras siguen bailando los dos chavales. Demoledor.

Quiero ver Ayers Rock antes de que se me lea lo mismo en la mirada.

 

 

 

 

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