Mac Demarco – Another One

Al ver la portada del nuevo disco de Mac DeMarco, me han entrado ganas de engullir dos docenas de ostras. Soy un loco de este manjar de los dioses. Nos lo ponen difícil, abrirlas sin terminar en el hospital es todo un arte, pero luego sólo con verlas abiertas con toda su agua, me pongo idiota. Me las como así, sin limón; en boca el sabor a altamar y yodo roza lo narcótico. Ojo, hablo de la cóncava de la costa atlántica de Francia, porque con todo el debido respeto, la ostra plana gallega no vale un pimiento. Uch, la que ha dicho…

Mac DeMarco aparece en la portada de Another One vestido de lo que parece ser un mono de ostricultor, en cuclillas sobre una roca con el mar a sus espaldas, el pelo como si tuviera los sobacos en la cabeza. No sé lo que vale la ostra canadiense –he probado la marroquí, muy digna-, pero la música de este artista de veinticinco años es todo un bofetón de aire fresco en este verano asfixiante.

Tan sólo un cuarto de siglo y ya ha publicado cinco álbumes de estudio. Realmente sólo cuatro, ya que Another One se estrenará en agosto. En tres años se ha convertido en el ojito derecho de Pitchfork -el blog indie con redactores que se quieren mucho cuando escriben en un idioma más próximo al onanismo sánscrito- y los programadores de los festivales europeos. Y si finalmente no se le ve mucho, no es porque se deje querer, es más bien el fruto de una mente indolente y pasota –dicho eso en el buen sentido de la palabra-.

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Mac DeMarco es un poco tarado, muy simpático pero tarado. Fabrica “hits” veraniegos sin querer, cuando miles de artistas de pacotilla pagarían caro por encontrar la fórmula, cuya receta no es la misma según si has nacido hombre o rubia tetona. El canadiense afincado en el Queens de Nueva York no mezcla sonidos, más bien sensaciones.

Con dieciséis años se compró una guitarra completamente remendada por treinta dólares. Diez años después le sigue siendo fiel, aún consciente de que “a ningún músico se le ocurriría tocar con ella”. Parece rudimentario, cuando en realidad es bastante virtuoso de la cosa. Le saca sonoridades raras que terminan componiendo melodías pegadizas y agradables.

El single extraído del próximo álbum de estudio, llamado como el disco, es una curiosa oda a Michael Jackson. En el vídeo aparece escondido detrás de una máscara con sonrisa grotesca del ex rey del pop, imitando sus famosas coreografías con la mano rascándose el paquete. No sé cuál es su propósito, pero el resultado es… encantador. Una balada agridulce, que no triste, pegadiza. En 1980, y salvando las distancias, tuvimos a Everybody’s Got to Learn Sometime, de The Korgis, este año tenemos a Mac DeMarco con Another One. ¿Habrá babyboom en abril 2016?

 

 

 

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