The Flaming Lips – The Soft Bulletin

Treinta años lleva The Flaming Lips on the road. O en su burbuja de plástico, aquella en la que Wayne Coyne, el cantante, suele aparecer en sus conciertos, rodando sobre las cabezas de los asistentes. Treinta años y trece álbumes sin bajar la guardia, fiel a un estilo rock experimental, muchas veces extravagante, que no les ha hecho rico, pero sí más que respetables, con un creciente grupo de seguidores cada vez más entusiastas.

Han hecho de todo, probado todo tipo de soportes, actuaciones y acciones. No se conforman con componer y tocar, también crean conceptos y entornos. No llenan estadios, pero en los macro festivales veraniegos los ponen como cabeza de cartel, porque los shows que montan son a lo grande -como Muse, pero con buena música- y atraen a un público cada vez más amplio. La revista inglesa Q Magazine ha elegido el grupo como uno de los cincuenta que hay que ver antes de morir. Lo importante, guste o no guste, es que no son “corruptos” ni se han prostituido nunca. De los trece álbumes que componen su trayectoria, algunos son insufribles, tan experimentales y surrealistas que parece que se han olvidado que se trata de música. Y otros son geniales, sencillamente.

Nacen en Oklahoma City, allá por el 83. Una ciudad sin demasiada relevancia, hasta los famosos atentados de 1995, que dejaron un balance de 168 muertos, obra de un blanco extremista y suprematista. Al principio tocan un rock alternativo y editan discos a imagen de la ciudad, poco relevantes. Son discos sinceros, como siempre, pero llegarían demasiado pronto, o tarde, o del revés, a reculones, dispersos. No paran de cambiar de músicos, tan sólo se mantiene el cantante, Wayne Coyne, y el bajista, Michael Ivins. Rock, rock experimental, o sólo experimentos. Sufren bajas, desgracias, enfermedades, drogas, pero cuando otras bandas hubieran tirado la toalla mucho antes, ellos aguantan. Será porque Wayne Coyne no es sólo músico, es un artista conceptualista, y tiene la suerte de que un sándwich de pavo le hace feliz… mientras viva la idea que tiene de la música!

Lips

En 1999 sacan su noveno álbum -¡noveno!-, The Soft Bulletin. Es un cambio radical, no tanto por la música, en su línea, pero porque de repente los medios dejan de sólo fijarse en ellos para empezar a alabar su trabajo. Algunas críticas son ditirámbicas, como la de Pitchfork Media, la biblia indie rock on-line, que le da un inusual 10,0/10. A partir de ahí, tanto la prensa como el público esperan los nuevos discos de The Flaming Lips con las expectativas que sólo despiertan ciertas bandas “indie”. A veces funciona y venden lo suficiente como para reconstituir el stock de pavo, otras vuelven a sus andanzas experimentales y caen en el “olvido”. Siempre creativos y precursores, llegaron a proponer comprar sus temas en llaves USB insertadas en corazones de chocolate o en fetos de goma. Concibieron algunas operaciones desinteresadas, como aquella famosa en la que invitaron a quien quería pagar 100$ figurar con nombre y apellido en una canción original, destinando la totalidad de lo recaudado a una asociación municipal de su ciudad natal. De esta gran idea, nació una canción de seis horas de duración, que se puede escuchar en youtube, llamada I found A Star on the Ground.

The Flaming Lips es de estas bandas que le dan aires de nobleza al rock. Llevan treinta años yendo a su bola, quede o no pavo para el sándwich. Chapeau. Y además, son los creadores de Race For The Prize, que abre el disco The Soft Bulletin. En mi top 20.

Escucha entero The Soft Bulletin, de The Flaming Lips

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